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EL CENTRO DE INTERPRETACIÓN

La tesera

Imagen de la representación de La tesera creada en el museo
Pasado el tiempo cabe recordar que la sociedad celtíbera se basaba en una relación de parentesco bastante amplia, que sobrepasaba el vínculo consanguíneo. Predominaba el lazo de gentilicio por encima del de filiación. Con la tesera de hospitalidad, gesto social de importante relevancia, el individuo adquiría el derecho de una gentilidad.

La lengua

Imagen de uno de los elementos que componen esta sala
Testimonios escritos, unidos a la información derivada de la toponimia, la onomástica o la teonimia, nos permiten afirmar que las inscripciones en téseras, monedas y grafitos en cerámicas fueron redactadas en una lengua denominada por los expertos celtibérico, perteneciente al tronco indoeuropeo y, dentro de éste, a la familia céltica.

Se desconoce desde cuando comenzó a hablarse. Lo que sí se sabe es que fue hacia el siglo II a. C. cuando se empezó a plasmar por escrito.

Tomando prestado el alfabeto ibérico la escritura celtibérica es semisilábica y tan sólo quedan unos cuantos testimonios que no permiten formar una imagen completa de ella. Por eso esta escritura puede ser leída pero sólo traducida parcialmente.

Las noches

Imagen de la representación de las noches en el museo
La otra cara de la colmena representa un elemento celeste cuya textura simula los cráteres lunares, que a la vez evocan las hendiduras de la piedra excavada en Contrebia. En esta zona viviremos la noche de Cotrebia: escucharemos la guerra y la tomenta, los grillos de verano y los ruidos de vecinos: la vida.

Se trata de sentir, vivir y sumergirse en la noche de Contrebia.

El mercado

Imagen de la representación del mercado en el museo
Imagen de atrezzo de la representación del mercado en el museo
La necesidad de cada individuo mueve el comercio entre todos ellos dentro de la comunidad. Uno necesita reforzar su silo de trigo. Gracias a la caza de unas perdices y al trueque de las piezas puede adquirir la cantidad de trigo que necesita.

Leña de los bosques, cerámicas llenas de agua y de aceite, retales con caracoles, los carros distribuyen por la ciudad las necesidades cada vez más crecientes de una población en constante aumento.

La colmena

Imagen de la representación de la colmena en el museo
Detalle de la representación de la colmena en el museo
La ciudad se presenta como una colmena horadada de túneles que conducen a la historia y a la memoria de los que allí habitaron. Es el monumento a la ciudad horadada, a la ciudad como símbolo, a la ciudad física y humana.

La plaza de las historias

La colmena

Imagen de la representación de la colmena en el museo
Detalle de la representación de la colmena en el museo
La ciudad se presenta como una colmena horadada de túneles que conducen a la historia y a la memoria de los que allí habitaron. Es el monumento a la ciudad horadada, a la ciudad como símbolo, a la ciudad física y humana.

El mercado

Imagen de la representación del mercado en el museo
Imagen de atrezzo de la representación del mercado en el museo
La necesidad de cada individuo mueve el comercio entre todos ellos dentro de la comunidad. Uno necesita reforzar su silo de trigo. Gracias a la caza de unas perdices y al trueque de las piezas puede adquirir la cantidad de trigo que necesita.

Leña de los bosques, cerámicas llenas de agua y de aceite, retales con caracoles, los carros distribuyen por la ciudad las necesidades cada vez más crecientes de una población en constante aumento.

Las noches

Imagen de la representación de las noches en el museo
La otra cara de la colmena representa un elemento celeste cuya textura simula los cráteres lunares, que a la vez evocan las hendiduras de la piedra excavada en Contrebia. En esta zona viviremos la noche de Cotrebia: escucharemos la guerra y la tomenta, los grillos de verano y los ruidos de vecinos: la vida.

Se trata de sentir, vivir y sumergirse en la noche de Contrebia.

La lengua

Imagen de uno de los elementos que componen esta sala
Testimonios escritos, unidos a la información derivada de la toponimia, la onomástica o la teonimia, nos permiten afirmar que las inscripciones en téseras, monedas y grafitos en cerámicas fueron redactadas en una lengua denominada por los expertos celtibérico, perteneciente al tronco indoeuropeo y, dentro de éste, a la familia céltica.

Se desconoce desde cuando comenzó a hablarse. Lo que sí se sabe es que fue hacia el siglo II a. C. cuando se empezó a plasmar por escrito.

Tomando prestado el alfabeto ibérico la escritura celtibérica es semisilábica y tan sólo quedan unos cuantos testimonios que no permiten formar una imagen completa de ella. Por eso esta escritura puede ser leída pero sólo traducida parcialmente.

La tesera

Imagen de la representación de La tesera creada en el museo
Pasado el tiempo cabe recordar que la sociedad celtíbera se basaba en una relación de parentesco bastante amplia, que sobrepasaba el vínculo consanguíneo. Predominaba el lazo de gentilicio por encima del de filiación. Con la tesera de hospitalidad, gesto social de importante relevancia, el individuo adquiría el derecho de una gentilidad.

El laberinto de las sombras

Imagen de la representación del laberinto de las sombras creada en el museo
Imagen de la representación del laberinto de las sombras creada en el museo
Imagen de la representación del laberinto de las sombras creada en el museo
La sala del laberinto inicia el proceso de conocimiento relativo a la gente, un proceso que resulta complejo cuando se quiere hacer patente aquello que intuimos, pero que no conocemos. Lo mismo ocurre en el momento que deambulamos por calles de ciudades desconocidas.

El guerrero y su alma

Imagen que representa el alma del guerrero
Imagen de la representación del alma del guerrero creada en el museo
Consagrada la vida al dios Teutates, los guerreros que caían en combate eran entregados en cuerpo y alma a los buitres. Morir en un ejercicio virtuoso fue concebido como una última vocación.

El pozo

Imagen de la representación del pozo creada en el museo
Imagen de la representación del pozo creada en el museo
Imagen de la representación del pozo creada en el museo
Nunca se había alcanzado tanto progreso como el obtenido con la construcción del pozo. Su agua proporciona sustento y autonomía, y su consecución, orgullo de lo que se había logrado hacer en comunidad.

El pozo consiste en un tramo abovedado de seis metros de longitud y tres metros de alto y uno de ancho, por el que se desciende por medio de una escalerilla hasta una corriente de agua.